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Nutrición y salud, niños comiendo jamón un alimento fundamental en su dieta.

No hay evidencias científicas sólidas para reducir el consumo de carne

  • La ciencia desmonta los argumentos tergiversados, para justificar la reducción del consumo de carne, en base a premisas medioambientales o de salud
  • Informes científicos advierten de los graves daños que ocasionaría la reducción del consumo de carne para la salud

El debate sobre el consumo de carne apareció en 2015, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugirió que las carnes rojas y procesadas aumentaban el riesgo de padecer cáncer. Llegando incluso a proponer una reducción del consumo de estos productos en pro de la salud.

Tres años después, el informe de la Comisión EAT-Lancet, publicado en enero de 2019, basó sus argumentos en el ámbito medioambiental. Señalando nuevamente la necesidad de reducir el consumo de carne y aumentar el de productos vegetales. Unas recomendaciones dietéticas con las que no sólo cuidar el medio ambiente, sino con las que se podrían prevenir más de 10 millones de muertes prematuras anuales por enfermedades no transmisibles en el mundo.

Así mismo, en el transcurso de estos años, han ido surgiendo grandes organizaciones empresariales, o lobbys, con presupuestos multimillonarios, que han servido de altavoz para propagar este ataque indiscriminado hacia la industria cárnica. Entre las cuales cabe citar: Compassion Over Killing; Albert Schweitzer Foundation; European Group for Animals; In Defense of Animals; Animal Equality; Doris Day Animal League; Friends of Animals; Compassion in World Farming International; Animal Legal Defense Fundation; Mercy for Animals; Open Philanthropy Project; Farm Sanctuary; People for the Ethical Treatment of Animals (PETA); International Fund for Animal Welfare; World Animal Protection; Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals; American Society for the Prevention of Cruelty to Animals; Human Society International; entre otras.

Con todo ello, no es de extrañar que las revisiones científicas habidas a favor del consumo y la producción cárnica, no hayan alcanzado la repercusión y relevancia esperadas en la sociedad, haciendo difícil revertir el daño causado en un sector comprometido por la sostenibilidad y el medioambiente, el bienestar animal, así como por la calidad de sus productos y la salud de sus consumidores.

En octubre de 2019 se publicaron distintas revisiones científicas que calificaron de “insuficientes” las pruebas que afirmaban que reducir el consumo de carne podía resultar beneficioso para la salud.

Un grupo de expertos del Consorcio de recomendaciones nutricionales (NutriRECS) publicó el artículo ‘Unprocessed Red Meat and Processed Meat Consumption: Dietary Guideline Recommendations from the NutriRECS Consortium’, concluyendo que las dietas restringidas en carnes rojas pueden tener poco o ningún efecto sobre los principales resultados cardio metabólicos y la mortalidad e incidencia de sufrir enfermedades cancerígenas. Según sus conclusiones, la relación entre el consumo de carne y el riesgo de padecer enfermedades cardíacas, diabetes o cáncer, es desde “inexistente”, hasta “pequeña” o “muy pequeña”.

En esta misma línea, el Nobel de Química, Tomas Lindahl, descubrió fuentes externas capaces de dañar el ADN (la exposición a la luz solar y el tabaco), generando mutaciones que podrían derivar en procesos cancerígenos.El Nobel de Química considera curioso el alarmismo generado sobre los alimentos que se consumen y la posibilidad de que éstos puedan aumentar el riesgo de padecer enfermedades cancerígenas. En su opinión, los alimentos no contribuyen de manera significativa, ya que básicamente “no comemos nada que pueda producir cáncer”.

Además, no sólo se ha cuestionado el resultado del informe EAT-Lancet, sino su misma metodología y procedimiento. Un reciente análisis científico, publicado en el Journal of Nutrition, ha puesto en duda las recomendaciones dietéticas del citado informe, destacando que dicho documento no cumplía con las normas de transparencia y replicabilidad, ni tenía plenamente en cuenta la incertidumbre estadística. El grupo de expertos también señala un uso incoherente de la bibliografía científica consultada, por lo que la guía dietética propuesta, en la que se alerta sobre los peligros para la salud del consumo de carne, no estaría respaldada por evidencias científicas sólidas.

En este sentido, el National Academies of Sciences afirma que las recomendaciones dietéticas científicamente validadas deben basarse en estudios de alta calidad, hecho que no se observa en el informe EAT-Lancet. 

Informes científicos advierten de los graves daños que ocasionaría la reducción del consumo de carne para la salud

Mientras que otro informe publicado en la revista Critical Reviews in Food Science and Nutrition, destaca los graves daños que ocasionaría la reducción del consumo de carne para la salud, afirmando que los peligros para la salud de la carne roja no están respaldados por evidencias científicas sólidas y las recomendaciones para reducir su consumo están basadas en “tergiversaciones de la ciencia”. Según sus autores, las dietas pobres en alimentos de origen animal pueden conducir a diversas deficiencias nutricionales: falta de vitaminas, como la B12; falta de hierro; falta de selenio; falta de zinc; etc..           

Los últimos informes sobre los peligros de no consumir carne destacan la falta de crecimiento, hiperparatiroidismo, anemia, neuropatías ópticas, degeneración de la médula espinal, enfermedades cerebrales, y otras enfermedades serias. Evitar la carne en la dieta está asociado con los trastornos de la alimentación y la depresión, y puede suponer problemas neurológicos graves.

El doctor Antonio Escribano, endocrinólogo catedrático en Nutrición Deportiva y director de Nutrición de la Real Federación Española de Fútbol, también ha destacado en diversos encuentros, y en línea con las últimas recomendaciones de la Sociedad Francesa de Pediatría, los riesgos de eliminar el consumo de carne en niños y adolescentes, que conlleva a  problemas en el desarrollo cognitivo y en la salud.

Entre los principales riesgos de no consumir carne en la infancia, el doctor Escribano destaca “la falta de aminoácidos esenciales, la carencia de proteínas que afecta al desarrollo cognitivo del menor y la falta de minerales y de vitaminas esenciales para el funcionamiento del organismo”, entre otros aspectos.

Mientras algunas organizaciones tratan de perjudicar la imagen de la carne, el sector cárnico trabaja por mostrar la realidad.

La carne es un alimento que incorpora múltiples beneficios nutricionales en el marco de una alimentación variada y equilibrada, ya que aporta proteínas de alto valor biológico, vitaminas y minerales fundamentales para un correcto desarrollo del organismo y estado de salud y bienestar.

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